El diputado provincial Nicolás Slimel salió con dureza tras el debate por las PASO y, sin nombrarlo, dejó un mensaje que en la política chaqueña tuvo un destinatario claro: Gustavo Martínez. “Algunos dirigentes del peronismo repiten más el discurso oficialista que el de su propio partido”, lanzó. A buen entendedor, pocas palabras.
El planteo no es aislado. En los últimos días, el ex intendente de Resistencia se mostró en sintonía con el gobierno de Leandro Zdero, cuestionó a Capitanich y a Peppo —espacios en los que supo ser protagonista— y también cargó contra Magda Ayala y otros dirigentes.
Detrás de ese movimiento, la lectura es política: Martínez, con cada vez menos volumen propio, aparece más cerca del oficialismo y con fuerte presencia en medios sostenidos por pauta provincial. Mientras tanto, su poder real se diluye, con estructura achicada y escasa convocatoria.

Los números que circulan en el ambiente no lo ayudan: cerca de un 70% de imagen negativa y apenas un 12% de imagen positiva. Aun así, el gobierno lo sostiene como un contravocero funcional hacia adentro del peronismo.
En ese escenario, Slimel empieza a ganar terreno y se posiciona con fuerza en Resistencia, una ciudad clave donde Gustavo Martínez busca sostener la cuota de poder que todavía conserva.
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