Tiene 35 años, compró una casa por 9000 euros y contó la dificultad de encontrar albañiles parar reformarla

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Irene Vila eligió volver a sus raíces en un pequeño pueblo de Cuenca y relató los desafíos de restaurar una vivienda antigua.

Irene Vila es una mujer de 35 años que decidió mudarse de Valencia para vivir cerca de la historia familiar que la marcó desde chica. Por eso, apostó por comprar una casa en Cuenca, el pueblo de su abuela, a un costo de 9000 euros.

“La negociación no fue sencilla”, recordó Irene, ya que los dueños anteriores llevaban años intentando venderla y habían rechazado otras ofertas. El mal estado de la vivienda fue clave para negociar el precio.

En ese momento, otra propiedad similar se ofrecía en mejor estado y por un valor parecido, lo que le permitió argumentar que su propuesta era razonable. “Me siento bien por haber llegado a este acuerdo con ellos. Creo que por su parte también están contentos conmigo y confiaron en mí”, contó la joven española en diálogo con La Vanguardia.

La reforma de la casa, paso a paso

Antes de pensar en reformas o presupuestos, Irene decidió limpiar la casa a fondo. El lugar llevaba años cerrado y acumulaba polvo y hojas, por lo que no podía ni sentarse al entrar. “Para muchos fue un esfuerzo en vano si después iba a reformar, pero para mí era importante. Limpiarla primero hizo que lo demás fuera más fácil y que pudiéramos, simplemente, estar allí”, explicó.

Compartió el paso a paso de su proceso en sus redes sociales. (Foto: Instagram/@irenevilaurra)
Compartió el paso a paso de su proceso en sus redes sociales. (Foto: Instagram/@irenevilaurra)

La primera gran obra fue el tejado, que estaba tan deteriorado que dejaba pasar el agua y amenazaba con humedades. “En el pueblo siempre dicen que las casas se hunden por el tejado, así que hay que empezar las casas por ahí”, relató con humor.

Los desafíos de reformar en un pueblo pequeño

Irene se animó a realizar tareas menores como pulir paredes, arreglar el jardín o pintar, pero las obras principales quedaron en manos de especialistas. Sin embargo, uno de los mayores obstáculos fue encontrar albañiles disponibles en la zona. “En los pequeños pueblos hay pocos albañiles y están tan saturados de trabajo que a veces hasta rechazan hacerlo, o bien tienes que tener tiempos largos de espera”, señaló.

A pesar de los desafíos, Irene mantiene intacta la ilusión. Para ella, restaurar la casa es una forma de dar vida a un espacio vacío y de continuar la historia de su abuela y sus antepasados. “Sueño con que algún día pueda pasar veranos e inviernos con mi futuro marido y mis futuros hijos”, confesó.

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